Recordando a de G. I. G en 2021
Durante todo el mes de enero desde el IIOA les invitamos a conocer y/o recordar la vida y obra del Sr. Gurdjieff (1877 – 1949), en lo adelante en este texto G.
Venir y estar en el mundo, al igual que salir de él ha sido un enigma en todos los tiempos. Ante las grandes interrogantes que nos rodean, el olvido y la ignorancia sobre nosotros mismos; la enseñanza del Cuarto Camino nos invita y provee de herramientas para estudiarnos al tiempo que estudiamos las leyes que rigen el universo. En la literatura del Trabajo y en la obra de G. en particular, es muy común el método de las analogías y el hablar en imágenes para dar a conocer el conocimiento.
El texto que compartimos hoy con ustedes denominado “Los Dos Ríos” es uno de estos ejemplos. La imagen del Río, de las corrientes que lo componen, se compara a la de la vida humana, incluso a la de todos los seres vivos y sus posibilidades de evolucionar, al tiempo que se nos convoca a vivir en el intento para estar en la corriente que conduce a nuestro despertar. Una imagen muy bella que contiene este artículo es el de compararnos a todos los seres vivos con las gotas que conforman la corriente. Desde esta alegoría, vida de un ser – gota de agua se nos convoca, se nos devela una ley; se nos llama a intentar, estar, entrar en la corriente, en el camino de conocernos a nosotros mismos para despertar.
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“Los Dos Ríos”. Conferencias de G. tal y como fueron recordadas por sus alumno contenidos en el volumen Perspectivas desde el mundo real (fragmento)
Es útil si comparamos la vida humana en general a un gran río que surge de varias fuentes y se bifurca en dos corrientes distintas; es decir, en este río ocurre una división de las aguas, y podemos comparar la vida de cualquier hombre a una de las gotas de agua que componen este río de la vida. Debido a la vida impropia de la gente, fue establecido para el propósito de la actualización común de todo lo que existe, que en general la vida humana sobre la Tierra debería fluir en dos corrientes. La Gran Naturaleza previó y gradualmente fijó en la presencia común de la humanidad una propiedad correspondiente, de modo que antes de la división de las aguas, en cada gota que tiene su correspondiente interna subjetiva "lucha con su propia parte de negación", podría surgir ese "algo", gracias al cual se adquieren ciertas propiedades que dan la posibilidad, donde se bifurcan las aguas de la vida, de entrar en una u otra corriente. Por lo tanto, hay dos direcciones en la vida de la humanidad: activa y pasiva. Las leyes son las mismas en todas partes. Estas dos leyes, estas dos corrientes, continuamente se encuentran, a veces cruzándose, a veces corriendo paralelas. Pero nunca se mezclan; se sostienen mutuamente, son indispensables la una para la otra. Siempre fue así y así permanecerá. Ahora bien, la vida de todos los hombres ordinarios, tomada en conjunto, se puede concebir como uno de estos ríos en el cual cada vida, ya sea de un hombre o de cualquier otro ser viviente, está representada por una gota en el río, y el río en sí mismo es un eslabón en la cadena cósmica. De acuerdo con leyes cósmicas generales, el río fluye en una dirección determinada. Todas sus vueltas, todas sus curvas, todos estos cambios tienen un propósito definido. En este propósito, cada gota desempeña un papel en cuanto a que es parte del río, pero la ley del río como un todo no se extiende a las gotas individuales. Los cambios de posición, movimiento y dirección de las gotas son completamente accidentales. En un momento dado una gota está aquí, en el momento siguiente está allá; ahora está en la superficie, ahora se ha ido al fondo. Accidentalmente sube, accidentalmente choca con otra y desciende; ahora se mueve con rapidez, ahora lentamente. El que su vida sea fácil o difícil depende de dónde se halla por casualidad. No hay ley individual para ella, ni destino personal. Sólo el río entero tiene un destino, que es común a todas las gotas. En esa corriente, toda pena y alegría personales, toda felicidad y sufrimiento personales, son accidentales. Pero la gota tiene, en principio, una posibilidad de escapar de esta corriente general y saltar a la otra, la corriente vecina. Esto también es una ley de la Naturaleza. Pero para esto, la gota debe saber cómo aprovechar choques accidentales y el ímpetu del río entero para llegar a la superficie y estar más cerca de la orilla en aquellos lugares donde es más fácil saltar al otro lado. Debe elegir no sólo el lugar correcto, sino también el momento apropiado para hacer uso de vientos, corrientes y tormentas. Entonces la gota tiene una oportunidad de subir con la espuma y saltar al otro río. A partir del momento en que pasa al otro río, la gota está en un mundo diferente, en una vida diferente, y por lo tanto está bajo leyes diferentes…
Le invitamos a continuar leyendo el texto en Perspectivas desde el mundo real. pp. 112.
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